Función profética: ícono y testimonio

Fecha: 18/11/2023

Tres características del ministerio del iconógrafo: testigo de la fe, custodio de la memoria de Dios, guía que introduce en sus misterios. Cada vez más,  la escritura de los íconos se suscita en un contexto familiar y doméstico. En los últimos años, hemos propuesto una dinámica que nos permite adaptar, dentro de nuestro hogar, una sala o espacio donde la imagen pueda ser incorporada y gestada en su interior. Los que habitan la casa se disponen a recibir al nuevo huésped, aquel que la imagen represente. El ícono ya, desde los primeros siglos, nace en el interior de una  liturgia celebrada, es decir, una oración compartida.

Esta práctica se hace extensiva hasta nuestros días y el ícono no queda solo circunscripto a un ámbito parroquial, cristiano y católico, sino que puede ser vivido y compartido en contextos familiares y en  diversas circunstancias interreligiosas e interculturales. El poder transformador de la belleza y la fuerza de esta imagen logran trascender fronteras y convocarnos alrededor de una misma mesa. La familia, como casa y escuela de oración nos invita a no dejar la imagen del ícono limitada a contextos determinados y determinantes.

Salir con nuestros íconos al encuentro de los más solos y hacerlos sentir parte de la belleza que trasciende, es dar de beber al sediento un agua de comunión. Escribir un ícono es buscar en nuestro corazón a los que han quedado al borde del camino y que con un grito silencioso claman, en lo escondido, viendo pasar a Jesús.

 

 

Buenos Aires, 18 de noviembre de 2023

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