El ícono es el camino de un discípulo. El maestro corrige, aconseja y guía lo necesario aunque dejando aparecer la personalidad propia de su aprendiz. Es un camino de libertad. El ícono, como sacramental, viene en nuestra ayuda a impulsar la restauración de nuestra relación con Dios y con los demás. Así, el iconógrafo se transforma en un ecónomo de las realidades celestes. Transformando su propia realidad por las costumbres de Dios.
Las consultas es posible hacerlas de modo presencial, a través de video-llamada, zoom y/o mail.
Las clases para los alumnos son cuatro al mes.